La próxima batalla del gaming no será solo por mejores gráficos

Serie: Hacia dónde está cambiando el gaming

Durante décadas ha sido relativamente fácil reconocer una nueva generación de videojuegos.

Solo había que mirarla.

Más polígonos, mejores texturas, iluminación más realista, mundos más grandes y personajes cada vez más difíciles de distinguir de una película. Cada salto tecnológico parecía responder a la misma pregunta: ¿qué tan cerca podemos acercarnos a la realidad?

Pero algo está cambiando.

La inteligencia artificial empieza a entrar directamente en las herramientas utilizadas para desarrollar. Los dispositivos portátiles permiten ejecutar juegos de PC lejos del escritorio. Motores como Godot evolucionan mientras Unity y Unreal buscan facilitar proyectos cada vez más complejos. Y tecnologías como los shaders modernos permiten conseguir identidades visuales extraordinarias sin perseguir necesariamente el realismo.

Quizá estamos entrando en una etapa donde el avance tecnológico del gaming ya no pueda medirse simplemente observando una captura de pantalla.

La próxima revolución de los videojuegos podría consistir menos en conseguir que se vean mejor y más en cambiar quién puede crearlos, cómo puede hacerlo y dónde podremos jugarlos.

Durante mucho tiempo la potencia fue fácil de demostrar

Una nueva GPU podía enseñarnos inmediatamente aquello que era capaz de hacer. Más resolución, más efectos, mejores reflejos o mayor cantidad de cuadros por segundo constituían argumentos fáciles de entender.

Y esa carrera todavía importa. Siempre habrá desarrolladores intentando construir mundos visualmente extraordinarios y jugadores interesados en experimentarlos con la máxima calidad posible.

El cambio está en que la potencia bruta ya no es la única dirección interesante.

Un desarrollador independiente puede preguntarse algo completamente diferente: ¿cómo consigo una identidad visual memorable sin necesitar el presupuesto de un estudio AAA?

Ahí entran herramientas como los shaders.

Un shader puede valer más que millones de polígonos

Un shader determina, simplificando mucho, cómo termina representándose visualmente una superficie. Puede controlar luz, color, transparencias, reflejos, deformaciones y numerosos efectos que finalmente construyen aquello que vemos en pantalla.

Pero lo interesante para un creador indie no es únicamente la tecnología.

Es lo que permite hacer con ella.

Un juego no necesita reproducir perfectamente la realidad para resultar visualmente espectacular. Puede utilizar iluminación, colores, materiales y efectos para construir un lenguaje visual propio.

Eso cambia la pregunta de “¿podemos competir gráficamente con un AAA?” por otra mucho más útil:

“¿podemos conseguir que alguien reconozca nuestro juego con una sola imagen?”

Para un estudio pequeño, esa puede ser una batalla mucho más inteligente.

Mientras tanto, la computadora empieza a ayudarnos a construir

La inteligencia artificial está produciendo otro cambio, aunque quizá no exactamente como imaginábamos hace algunos años.

Una de sus aplicaciones más interesantes no consiste necesariamente en pedirle que cree todo el videojuego. Está apareciendo dentro del proceso: asistencia para programar, depurar, documentar, probar ideas y automatizar tareas repetitivas.

Esto puede resultar especialmente importante para equipos pequeños.

Un desarrollador indie siempre ha trabajado contra un recurso limitado: el tiempo.

Si nuevas herramientas permiten probar una mecánica más rápido, localizar un error antes o automatizar parte del trabajo rutinario, entonces la ventaja no consiste simplemente en “usar IA”.

Consiste en disponer de más tiempo para aquello que todavía necesita decisiones humanas: qué queremos que sienta el jugador, qué merece permanecer en el proyecto y qué debemos eliminar.

Los motores también están cambiando la pregunta

Esta semana observamos la evolución de Godot 4.8 y encontramos una señal interesante. Godot quiere aumentar sus capacidades sin abandonar la accesibilidad que lo convirtió en una alternativa atractiva para pequeños desarrolladores.

Unity, Unreal y Godot compiten mediante tecnologías diferentes, ecosistemas diferentes y filosofías diferentes, pero detrás existe una batalla todavía más importante.

¿Cuánta distancia existe entre tener una idea y conseguir verla funcionando?

Un motor que reduzca esa distancia mediante mejores herramientas, exportaciones más sencillas, buenos flujos de trabajo y automatización puede cambiar quién es capaz de terminar un videojuego.

Para un estudio indie, eso puede importar mucho más que ganar una comparación de especificaciones técnicas.

Y el jugador tampoco quiere permanecer atado al escritorio

Al otro extremo del proceso está ocurriendo otra transformación.

El éxito del formato handheld para juegos de PC demostró que existe interés por llevar experiencias tradicionalmente asociadas al escritorio a dispositivos que podemos sostener entre las manos.

Esto introduce una presión tecnológica distinta.

Ya no queremos solamente más potencia.

Queremos suficiente potencia utilizando menos energía, generando menos calor y funcionando en una pantalla mucho más pequeña.

De repente, optimizar vuelve a ser emocionante.

Un videojuego capaz de funcionar correctamente en hardware más eficiente puede llegar a más dispositivos, más situaciones y potencialmente más jugadores.

La evolución tecnológica deja entonces de significar exclusivamente “hacer más”.

También puede significar conseguir lo mismo utilizando menos.

Mito o realidad

Mito: la próxima generación del gaming estará definida principalmente por juegos cada vez más realistas.

Realidad: los gráficos seguirán evolucionando, pero la transformación está ocurriendo simultáneamente en herramientas de creación, inteligencia artificial, eficiencia del hardware, portabilidad, motores y nuevas formas de producir una identidad visual.

Quizá por eso resulte cada vez más difícil definir una “generación” mirando solamente una consola o una tarjeta gráfica.

El cambio más interesante puede ocurrir antes de presionar Play

Imaginemos por un momento a una persona con una buena idea para un videojuego.

Hace algunos años necesitaba aprender múltiples disciplinas antes de conseguir siquiera un prototipo convincente.

Ahora puede utilizar un motor gratuito, comenzar con herramientas visuales, apoyarse en asistentes para comprender código, acceder a documentación instantáneamente, comprar o reutilizar recursos y publicar un prototipo para jugadores de prácticamente cualquier parte del mundo.

Nada de eso garantiza que creará un buen videojuego.

Y precisamente ahí está la parte interesante.

Cuando las barreras técnicas empiezan a bajar, las ideas, las decisiones de diseño y la capacidad de terminar adquieren todavía más importancia.

Los videojuegos seguirán buscando mejores gráficos. Tendremos iluminación más convincente, mundos más detallados y hardware capaz de producir imágenes que hoy todavía resultan difíciles de imaginar.

Pero quizá esa ya no sea la única carrera que merece nuestra atención.

La próxima batalla del gaming puede consistir en quién consigue convertir una idea en una experiencia jugable con menos fricción, menos recursos y más libertad.

La IA puede acelerar algunas partes del desarrollo. Los nuevos motores pueden reducir barreras. Los shaders pueden convertir limitaciones visuales en identidad. El hardware portátil puede llevar juegos complejos a lugares donde antes no estaban. Y una mejor optimización puede permitir que una misma experiencia llegue a más jugadores.

Ninguna de estas tecnologías decidirá por nosotros qué hace divertido a un videojuego.

Eso sigue siendo nuestro problema.

Y quizá también sea una buena noticia.

Porque si crear videojuegos se vuelve cada vez más accesible, la verdadera ventaja ya no estará únicamente en tener la computadora más poderosa, el motor más avanzado o el presupuesto más grande.

Estará en saber qué queremos crear cuando finalmente tengamos las herramientas para hacerlo.

Continúa explorando CodeAndPlay

Si quieres seguir entendiendo esta transformación, puedes continuar con nuestros artículos sobre Godot 4.8 y la evolución de los motores open source, Unity y el desarrollo indie, Game Feel y nuestros análisis sobre hardware y tecnologías que están cambiando la forma de jugar.

Porque entender el futuro de los videojuegos no consiste solamente en preguntar qué tecnología viene después.

También consiste en preguntarnos qué podremos hacer con ella que hoy todavía no estamos haciendo.